

¡Buenos días!
¿Qué tal si damos una vuelta por la historia, muy cerquita?.
La cultura Celta me apasiona, quizá sea debido a que es algo muy nuestro.
Hace cerca de tres mil años en el agitado inicio de la Edad de Hierro afloró en Europa la poderosa cultura Celta.
Se denomina cultura Celta al conjunto de pueblos asentados en los actuales territorios de Irlanda, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, Suiza, parte de Alemania, parte de España y norte de Italia.
Los principales pueblos celtas fueron los Galos, los Helvecios, los Bretones y los Celtíberos y se fueron extendiendo por todo el territorio europeo y dominándolo gracias al sorprendente manejo del hierro. Vivieron en la Edad del Hierro hasta el año 50 d.C aproximadamente.
Lo interesante de esta cultura, es que a pesar de darles el nombre de «celtas» a todos, eran pueblos autónomos con sus propios líderes y con características similares muy dispuestos a pelear entre sí y con quién tratara de dominarles. La base de esta civilización fue la unión de todos esos diferentes pueblos que compartían ciertos valores tanto culturales como simbólicos, además del lenguaje.
La organización política de los celtas era muy sencilla, eran pueblos pequeños o tribus que sólo contaban con un líder, el cual actuaba con toda la autoridad para controlar al pueblo. También existían figuras destacadas en el ámbito militar y organizativo que se ganaban el respeto de los demás y los cuales eran utilizados en distintas labores.
Si nos basamos en los documentos griegos ( ellos les pusieron el nombre de Keltoi) y romanos, los celtas eran un pueblo guerrero y bárbaro. Así les veían los documentalistas del momento, pero los hallazgos encontrados posteriormente dan otra visión de este pueblo, organizado y sofisticado con adelantos y arte propio.
Pongamos ejemplos.
La mayoría de los celtas vivían en poblados agrícolas, aunque tenían ciudades fortificadas y santuarios construidos a lo largo una red de caminos. Los asentamientos fortificados se construían en zonas altas, donde se situaban el mercado, los artesanos y los jefes tribales. Eran construcciones circulares, sencillas y pequeñas. Estas fortificaciones se conocen en la Península Ibérica como «castros» y abundan en Galicia.
Alrededor construían granjas y poblados para la agricultura y la ganadería, siendo estas sus principales actividades económicas.
Los jefes tribales eran guerreros y repartían entre sus seguidores las riquezas obtenidas de sus incursiones o conquistas. Perder batallas se consideraba un fracaso y una humillación, puesto que la valentía era una característica fundamental para dirigir la tribu. Eran guerreros peligrosos y expertos jinetes, aunque carecían de disciplina militar.
Las mujeres celtas, cuando contraían matrimonio, adquirían derecho sobre los bienes comunes. La mujer tenía un papel importante, y no se le consideraba inferior al hombre, como en otras culturas de la época. Así ellas elegían a sus amantes, y la virginidad no era importante. La mujer podría ser guerrera, pero lo normal es que realizara las tareas del hogar, la artesanía y la agricultura y algunas llegaron incluso a liderar tribus.
Los celtas no tenían identidad como país, sino como tribus y pueblos establecidos con sus jerarquías propias, no obstante, se organizaban por castas, siendo el rey la casta superior, seguido de los sacerdotes druidas, los guerreros, los artesanos y los campesinos. Cada rango se diferenciaba de otro por el color de sus ropajes.
Los celtas creían en la libertad individual y no existía la esclavitud. Los jefes de las tribus tenían que mostrarse dignos y ganarse el respeto, así que no había dinastías fijas.
Lo que tiene desconcertado a los historiadores es como parte de la cultura celta ha sobrevivido en nuestros días y soportado el paso del tiempo y las influencias de otras culturas, sin tener soporte escrito como otras.
Quizá la culpa la tuvieron los bardos.
Los bardos eran los poetas de la época. Ellos cantaban y contaban mitos, historias, describían mundos imaginarios, leyendas ya míticas y antiguas sobre su procedencia. Lo hacían mediante la lira, u otros instrumentos musicales en fiestas, en la plaza del poblado, o donde fuere.
Los bardos desempeñaron un papel importante en la tradición celta, pues fueron los mensajeros de la filosofía y las creencias a nivel popular.
Podríamos llamarles los cuentacuentos de la época.
Los bardos propagaban las leyendas, y es que el mundo celta está lleno de leyendas que nos han llegado mediante la tradición oral o después, escrita por griegos y romanos, pero estos últimos la conocieron de los bardos. Eran historias de dragones, princesas, encantamientos, hadas, bosques encantados… ¿os suena?
Se puede decir que toda la cultura europea ha sido inspirada en mayor o menor medida por lo que los celtas legaron. Son famosas sus historias de héroes valientes que no se rendían y que conseguían superar todos los obstáculos.
Y no podemos hablar de la cultura celta sin hablar del druidismo.
Los Druidas eran los sacerdotes, jueces, consejeros, astrónomos, diplomáticos, etcétera, y en su código ético figuraba como importante el respeto por la naturaleza, viendo a la Tierra como un templo, ya que regulaba de manera maestra los ciclos de la vida. Sus rituales eran en los bosques, que para ellos eran sagrados.
El Druidismo es una religión, una filosofía y una forma de vida, que incluye un sistema espiritual como estructura de base para estos. Se fundamenta en tres principios básicos: el conocimiento, la naturaleza y la justicia.
Los druidas creían en la reencarnación, y en la existencia de otros mundos y eran el estrato de mayor poder y respeto entre los celtas. Sabían leer, escribir griego y latín cuando se encontraron con ellos, sin embargo preferían la vía oral para transmitir las crónicas de su civilización, y eso fue uno de los desencadenantes de su decadencia en un mundo más organizado.
Los druidas veían el tiempo de forma espiral, y los ciclos eran regulados por el Universo, no obstante, le daban mucha importancia a la magia para transformarlos y llegar a otros niveles. Celebraban el cambio de las estaciones, y tenían fiestas importantes como Sambain, Imbolc, Beltane, Lughnasad, así como celebraciones en los equinoccios y solsticios.
No podemos hablar de druidismo sin hablar de mitología, pero es tan amplia la mitología celta, que no nos da el post para ello. Solo os dejaré unas pinceladas que iremos ampliando más adelante.
La mitología celta abarcaba muchos dioses y diosas que dominaban distintas áreas de la vida; los importantes son Lugh, Dana, Dagda, Morrigan, Maranman, Brigit, Cerunos, Arwen, Belenos, Boan, Cerridwen, Dagon, Taranis, Teutates…
No sólo existían dioses en su mitología, también creían en otros seres etéreos como hadas, gnomos, elfos…todo un mundo paralelo que convive con el presente y es eterno.
¿Y si ahora os dijera que en el mundo del esoterismo se le da el protagonismo de la creación de la cultura celta a Lugh, muy parecido en su descripción a Ningiszida, Quetzacoal , Thot o Hermes?
Ahí lo dejamos. Espero os haya entrado el gusanillo celta.
¡ Qué paséis un buen día!
Imagen inicial de Valgerd Kossmann en Pixabay
Fuentes: Internet.
