
Rivalidad ancestral.
Un argumento recurrente en la historia es la rivalidad permanente entre seres de la misma familia o sangre, llamados comúnmente » hermanos».
El problema de la enemistad entre hermanos o «rivalidad fraternal» es uno de los más antiguos de la humanidad. No es difícil encontrar cuales son los orígenes de esta rivalidad, fácilmente encontramos muchos ejemplos similares en la naturaleza. El problema es simplemente la competencia por recursos limitados. Extrapolando eso a los seres humanos, es el caldo de cultivo perfecto para un campo de guerra.
Los humanos tenemos un largo historial de comportamiento cruel con nuestros semejantes, y el motivo quizá podamos encontrarlo en nuestros orígenes, o quizá simplemente es la respuesta a un condicionamiento que viene desde los albores de nuestra aparición en la Tierra. Quizá es lo que vimos hace mucho tiempo y quedó grabado en nuestra memoria colectiva y repetimos y repetimos incesantemente debido a la inserción de algún patrón en nuestro ADN.
Quién sabe.
¿Qué tal si os cuento una historia?
Los dos hermanos.
Había una vez dos hermanos muy poderosos, hijos de un rey también muy poderoso, que llegó a nuevas tierras.
El Rey Padre era un conquistador, ávido de poder y recursos, y tras proclamarse Rey absoluto de las nuevas conquistas, repartió las nuevas tierras entre todos sus hijos, muy numerosos. Dejó en manos de los dos hermanos mayores el gobierno de las regiones más florecientes, y el resto lo repartió entre los hermanos pequeños.
Los dos hermanos mayores eran muy distintos; uno era un guerrero, orgulloso, severo, seguro de sí mismo y del poder de su linaje; su palabra tenía que considerarse ley. La fuerza era el origen de su poder. El otro era un científico, más reflexivo e inteligente, poseedor de la sabiduría de su gente y de la descubierta en sus investigaciones y viajes; creía en el conocimiento y el poder de la convicción, no en la fuerza.
Los dos hermanos no se llevaban bien.
El guerrero se creía con el derecho de someter al resto de hermanos por su superioridad, incluso al científico, que era el mayor de los dos. El científico, consideraba que no tenía por qué doblegarse ante la falta de inteligencia que exhibía orgulloso el otro. Así estaban las cosas entre los dos, tirantes y a la vez, corteses. Debían ponerse de acuerdo para gobernar el nuevo mundo.
Los animales.
Hubo un problema de recursos en el nuevo mundo que hizo peligrar la vida del pueblo de los conquistadores y el Rey Padre pidió ayuda al hijo científico para solucionarlo.
Este no dudó en hacer todo lo posible para salvar a su gente puesto que amaba a sus semejantes por encima de todo. El guerrero nunca estuvo de acuerdo con la confianza solicitada al científico, ya que la resolución del problema haría que el Padre Rey aumentara su afecto por la ciencia en vez de la fuerza.
Tras mucho experimentar, el científico dio con la clave y creó , tras muchos experimentos, unos animales que proveerían a su pueblo de lo que necesitaban. Alimento, sustento, servicio.
El Padre Rey quedó muy complacido, sobre todo cuando los animales resultaron ser mucho mas productivos e inteligentes de lo que imaginaban y empezaron a liberar de muchas tareas a los conquistadores.
Entonces el hijo guerrero exigió tener a su cargo a los animales para controlarlos, para minar así la influencia del científico sobre su padre y sobre los mismos animales, que se estaban convirtiendo en una necesidad para su gente.
El padre accedió y dio así lugar a una época de horror para los animales, que pasaron a ser tratados con mucha crueldad.
Para el guerrero, los animales solo eran carne que proveía a su pueblo de sustento, todo lo contrario al pensamiento del científico, que creía que esos seres merecían respeto y cuidados y tenían derechos al ser seres vivos. Como les proveyó de inteligencia al crearlos, decidió empezar a enseñarles.
La guerra.
El tiempo pasó y las diferencias entre los hermanos crecieron, y un día, al final, se enfrentaron el uno al otro por la vida de los animales.
El hermano científico no fue rival en fuerza para el guerrero y murió tras un largo enfrentamiento.
Después el hermano vencedor se dedicó a torturar a los animales, a controlarlos de forma persistente cribando y exterminando a los más inteligentes y fuertes. A los que quedaron, manipuló su inteligencia, y los hizo creer en todo momento que él era su salvador y que él era su único padre y Dios.
Así hizo y así ordenó que lo aprendieran las siguientes generaciones, quedando el hermano científico relegado a un oscuro lugar de la historia, convertido en monstruo o demonio.
¿Os suena?
El cuento que os he contado se repite en muchos mitos antiguos; podría ser la historia de Enki y Enlil ( Sumeria) , la de Osiris y Seth ( Egipto) , la de Prometeo/ Poseidón y Zeus ( Grecia) , la de Odin y Loki (Escandinavia) y la de otras parejas mitológicas de antiguas culturas.
La luz vs la oscuridad.
Y no hay que olvidar que la historia siempre la escriben los vencedores.
