
¡Buenos días!
Hoy recordaremos algo que nos fascina y que a nuestro entender, es básico entender para entender el universo, sobre todo el universo de Las Crónicas de Iroel.
La mente cuántica y el yo cuántico.
Menuda palabreja, cuántico ¿verdad?
Todos los seres vivos y todo lo que tenemos a nuestro alrededor está formado por átomos. Átomos cuyo interior es en gran parte vacío. En la vida todo lo físico no se compone de materia, sino también de campos energéticos o de patrones de frecuencia de información.
La materia es más «nada» (energía) que «algo» (partículas).El átomo se compone de un 99,99999 por ciento de energía y de un 00,00001 por ciento de materia.
La física cuántica, en teoría, dice que al medir una magnitud física podríamos obtener un valor diferente cada vez que se midiera. Por tanto, para estudiar los resultados de una medición cuántica, se recurre a una distribución de probabilidad. Esto significa que dos sistemas físicos con el mismo estado cuántico, al medir sobre ellos una cierta magnitud no tiene por qué obtenerse el mismo valor.
Los físicos cuánticos descubrieron que la persona que está observando la multitud de partículas del átomo afecta la conducta de la energía y la materia. Los experimentos cuánticos demostraron que los electrones existen como una infinidad de posibilidades o probabilidades en un campo invisible de energía. Pero solo cuando el observador se fija en cualquier localización de un electrón, es cuando aparece ese electrón.
A esto se le llama, » el efecto observador».
En resumen, una partícula no puede manifestarse en la realidad, es decir, en el espacio-tiempo tal como nosotros lo conocemos hasta que es observada. Entonces, cuando el observador «busca» un electrón hay un punto concreto en el espacio y el tiempo en el que todas las posibilidades del electrón se colapsan en un suceso físico.
Cuando ese «efecto observador» fue notado por los pioneros de la teoría cuántica, les generó un problema ya que el efecto parecía minar el supuesto básico detrás de toda la ciencia: que hay un mundo objetivo, independiente de nosotros. Si la forma de comportarse del mundo depende de cómo -o de si- lo miramos, qué puede realmente significar «la realidad»? Algunos de esos investigadores se sintieron obligados a concluir que la objetividad era una ilusión y que se le debería permitir a la consciencia un rol activo en la teoría cuántica.
Con este descubrimiento, mente y materia ya no pueden seguir considerándose de manera separada; están intrínsecamente ligadas, porque la mente subjetiva ejerce cambios perceptibles en el mundo físico objetivo: hablamos de una mente cuántica. Piensa que, si a nivel subatómico la energía responde a tu atención y se convierte en materia, cómo cambiaría tu vida si aprendieras a dirigir el efecto observador y a confluir infinitas ondas de probabilidad en la realidad que deseas.
Ahora un vuelta de tuerca más.
¿Os acordáis del primer principio o ley universal?
«Todo es mente».
Si aplicamos a este principio la teoría cuántica …¡Voilâ! Al final nuestros antepasados no eran tan ignorantes como nos quieren hacer creer.
Ahora hablemos de la teoría de la mente cuántica.
He de reconocer que esta teoría , cuando la leí por primera vez, casi me hizo estallar el cerebro. Todo lo creído anteriormente se iba al garete, pero, la ciencia avanza y lo que antes se creía que era magia, ahora sabemos que es ciencia.
Vayamos al lío.
Jean-Pierre Garnier Malet es el padre de la teoría del desdoblamiento del tiempo también doctor en Física Cuántica en la mecánica de los fluidos. No es ningún mindundi que se invente cosas. Él nos dice que tenemos dos tiempos diferentes al mismo tiempo: un segundo en tiempo consciente y miles de millones de segundos en otro tiempo imperceptible en el que podemos hacer cosas cuya experiencia pasamos luego al tiempo consciente.
¡ Buf! ¿Qué lio, verdad? Esa es la base de la teoría del desdoblamiento.
Vayamos despacito.
La teoría del desdoblamiento afirma que nuestro cuerpo es energía que puede proyectarse hacia el futuro, extrayendo información de esa realidad paralela, que traslada a nuestra existencia presente. Según Garnier, de cada instante que vivimos, una pequeñísima partícula es información mental que recibimos inconscientemente sobre nuestro futuro, de nuestro “otro yo”, formado de energía, cuánticamente hablando.
Ahora compliquemos el tema un poquito con términos más complejos.
Dentro del Universo las personas, al ser multidimensionales, también están duplicadas; por un lado tenemos a las personas en su forma corpuscular y por otra, las personas en su forma ondulatoria, que es el cuerpo en su estado energético.
Es decir, vivimos en varias dimensiones al mismo tiempo: el yo pasado, el yo actual y el yo del futuro. A pesar de vivir en otro tiempo y espacio, existirían ranuras temporales donde podemos conectar con ese otro yo, que se mueve a velocidades superiores a la luz. Con nuestro pensamiento, generalmente orientado hacia el mañana, tendiente a planificar y proyectar, vamos creando diferentes posibilidades de futuro (futuros probables).
Durante algunos instantes entre instantes (millonésimas de segundo), nuestro estado corporal contacta o pasa al estado ondulatorio y vivimos en el cuántico sin enterarnos.
¿ Como te quedas? ¿ Tú o tu yo cuántico es el que no acaba de creerse lo que ha leído?
¡Saludos a todos!
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Fuentes: Internet.
